El mayor aeropuerto de Europa eliminó una restricción de seguridad que desde hace años molesta a los pasajeros


Uno de los aeropuertos más importantes del mundo modificó una restricción que molestó a los pasajeros durante más de veinte años. Incómoda de resolver y fácil de olvidar.
El aeropuerto en cuestión es el de mayor actividad y conexiones en el Reino Unido y Europa: el de Londres-Heathrow. La restricción de seguridad que fue cambiada es la del límite de líquidos que se puede llevar a bordo en equipajes de mano.
El cambio es resultado de una modernización técnica a gran escala del sistema de seguridad del aeropuerto londinense. La administración aeroportuaria invirtió cerca de mil millones de libras en la instalación de escáneres modernos de última generación para equipajes de mano.
A partir de la nueva normativa -que rige desde comienzos de año- el famoso límite de 100 ml pasó a ser de 2 litros. Así lo confirmó una operadora del aeropuerto a Clarín. El control se hace automáticamente, sin necesidad de que el pasajero saque las botellas de su maleta.
Ahora también se permite llevar agua, bebidas y otros líquidos traídos de casa o comprados fuera del aeropuerto.
A su vez, se desestimaron las bolsas transparentes para transportar líquidos.
La medida se autorizó para agilizar los tiempos de espera y hacer más dinámicos los procedimientos de seguridad. Resolvió un dolor de cabeza para muchos pasajeros que necesitaban llevar medicamentos o fuentes de hidratación específicas durante los vuelos.
Las restricciones de líquidos se impusieron en 2006 después de un desmantelamiento de atentado terrorista a gran escala en Reino Unido. Los delincuentes habían preparado explosivos líquidos camuflados en bebidas y cosméticos para hacerlos explotar en el aire. A partir de esa amenaza, se endurecieron las normas sobre líquidos, aerosoles y geles (LAGs) en cabina.
Durante años, los escáneres de seguridad tradicionales eran muy buenos para objetos sólidos (armas, cuchillos), pero no tan fiables para diferenciar un líquido inocente de un líquido peligroso dentro de una botella. Por eso se impuso un estándar simple de aplicar y rápido de controlar: envases pequeños, todos juntos, visibles.
El llamado “explosivo líquido” se usa para dos cosas: sustancias explosivas que pueden estar en forma líquida (o en soluciones) y pueden detonar si se activan como precursores líquidos; químicos que por separado pueden parecer “normales”, pero que combinados o en ciertas condiciones pueden generar un explosivo. Esto fue justamente lo que preocupó a la aviación tras 2006.
Lo que los vuelve un problema de seguridad es que pueden parecer agua, shampoo, perfume o gaseosa, y el envase “de consumo” disimula el contenido. Además, algunos escenarios de amenaza contemplaban llevar componentes por separado y armar el artefacto después.
100 ml es un umbral operativo que reduce el riesgo de dos maneras. Por un lado, baja el “potencial de daño” por envase (si algo pasara, hay menos cantidad disponible por botella); por el otro, hace el control más simple.
¿Otros aeropuertos seguirán los pasos del de Londres?
Fuente: www.clarin.com



